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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Los fondistas kenianos, plusmarquistas también en adversidades

*Este es el artículo al que se refería Isra del mundo digital donde se menciona como los keniatas se entrenan sin desayunar.

<span class=Abel Kirui, durante una prueba.

La falta de material y patrocinio, un salario irrisorio, unas instalaciones destartaladas y obsoletas y la combinación de la carrera deportiva con un puesto en la policía son sólo algunas de las trabas con las que se encuentran los reputados corredores de fondo kenianos antes de abrazar la gloria. "Nos tenemos que comprar nosotros el equipo y, aunque registremos la mejor marca de Kenia, eso no nos asegura participar en las competiciones más importantes, porque no tenemos patrocinador y, por tanto, no tenemos dinero para viajar", lamenta Paul Maina, especialista en 1.500 y 5.000 metros.

A pesar de que los sueños de Maina pasan por representar a su país y ganarse la vida como atleta, no titubea ante la posibilidad de cambiar de nacionalidad con tal de correr al máximo nivel. "Si España me ofrece participar con ellos, yo lo haría. En Kenia hay mucha competencia y cada uno tiene que buscarse su pasto", confiesa el corredor, cuya mejor marca es de 3'49" en el kilómetro y medio.

De este modo, atletas con tiempos más modestos pero con buenos contactos y patrocinadores generosos pueden acceder a correr en pruebas internacionales, algo con lo que los residentes en el Centro de Atletismo de la Policía de Kibiko, a unos 50 kilómetros de Nairobi, apenas pueden fantasear.

"Mis zapatillas están ya en las últimas", asegura Maina mirándose los pies. "Pagué 2.000 chelines kenianos (unos 20 euros) por ellas y mi sueldo es de 15.000, con los que tengo que pagar también comida, alquiler, los gastos de la familia..." Una familia a la que ven una vez al mes, en el mejor de los casos, ya que el resto del tiempo viven en barracones cochambrosos con 30 literas en cada uno.

Además, no pueden desatender su tarea como agentes del orden, por lo que se ven constreñidos a alternar sus aspiraciones deportivas con sus obligaciones laborales. "Si hay un robo de un coche o un crimen o un incidente, tienen que acudir allí inmediatamente", explica el responsable del centro, Peter Kinjajui.

Sin más pistas que los caminos aledaños al Centro de Atletismo de Kibiko, estos aspirantes a los laureles del atletismo se levantan cada mañana a las cinco para correr entre 10 y 20 kilómetros antes de desayunar, cuando el sol de estas latitudes no es aún demasiado inclemente.

Tras un desayuno a base de té y fruta y los estiramientos pertinentes, descansan hasta después de comer, momento de una nueva sesión de entrenamiento de media hora. Pero hay lugar para el optimismo en medio de este arduo camino, a pesar de que sólo tres corredores kenianos por especialidad puedan representar al país en unos Juegos Olímpicos.

Basta pronunciar nombres como el de Abel Kirui, campeón mundial de maratón en 2009 y antiguo inquilino de Kibiko, para que las caras de los agentes-atletas se iluminen. Además, la baza para el éxito de estos corredores es su entrenamiento a casi 2.000 metros de altitud, que les acostumbra a unas condiciones hostiles que luego compensan en zonas más próximas al nivel del mar.

"Mi especialidad son los diez mil metros. Los corro en media hora, pero si la competición tiene lugar en a una altitud cercana a la cota cero, puedo mejorar el tiempo en tres o cuatro minutos", asegura el fondista Bernard Kipkorir. Con esta ventaja incluida de serie, puede que los sueños de Maina se hagan realidad algún día: "No creo que llegue a (los Juegos Olímpicos de) Londres 2012, pero estoy seguro de que pronto representaré a mi país".

El atleta, perteneciente a la etnia mayoritaria de Kenia, los kikuyu, reconoce que la tribu que mejor fama tiene en cuestiones atléticas son los kalenjin, los iniciadores de la leyenda de los corredores kenianos. "Pero el secreto es entrenar y punto", asegura el corredor.

Fuente: el mundo digital

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